En Ciudad Noche
por Adán Sacha y Diógenes Tacuara Ciudad Noche no dormía nunca. Siempre había algo vibrando abajo del asfalto, como si el Ki estuviera podrido, fermentando entre cables pelados, jeringas usadas y "reglas" que ya nadie cumplía. Ahí arrancó todo, o capaz terminó, qué sé yo. Porque en esa ciudad las historias no tienen principio ni final, se te mezclan como el soma con la sangre. El Gremio roncaba en un edificio viejo, una zarzuela deformada de tipos rotos que se creían humanos todavía. Su capitana, una mina flaca, mirada de vidrio, tenía el pulso de alguien que ya había visto demasiado. Decían que escuchaba al Kiristi, que le hablaba entre interferencias, como una radio mal sintonizada. Otros decían que era puro chamuyo para mantener a raya a los pibes. Yo la vi una vez. Estaba enchufada a unos electrodos, el cuerpo medio rígido, como si la estuvieran zurciendo desde adentro. La “Nueva Carne”, le decían algunos. Una evolución. Una mierda hermosa, si querés romantizarlo. Pero ...
