//RASgAroN La feDERaCióN
por Andrés Obychniev Rasgaban la federación con hoja y papel, pero no era una metáfora ni un acto político: era literal. El tejido que mantenía unidas a las cosas —carne, máquina, memoria— podía abrirse con instrumentos absurdos, blandos, casi ridículos. Nadie sabía quién había descubierto eso primero. Algunos decían que fue un error de laboratorio; otros, que fue un gesto artístico que se volvió irreversible. Lo cierto es que desde entonces todo empezó a deshilacharse. El protagonista —aunque ese término ya no tenía mucho sentido— trabajaba en lo que quedaba de una sala de ensamblaje. Su tarea consistía en revisar juntas de aire. Pero hacía semanas que había empezado a omitirlas. No por negligencia, sino porque había descubierto que las juntas respiraban. Literalmente. Exhalaban un vapor tenue, tibio, que susurraba cosas cuando uno se acercaba demasiado. No palabras claras, sino intenciones. Deseos. Órdenes. Una noche, mientras golpeaba una carcasa para encajar un módulo torácico...





