#la_CHUEca_luna
por Adán Sacha La lluvia caía con ese olor a cable quemado y grasa vieja que tenían las noches de Guayaquil desde que privatizaron el espacio aéreo. Arriba, los drones municipales pasaban fumigando anuncios. Una mujer en fluorescente ofrecía créditos dentales mientras un candidato muerto hacía campaña desde pantallas oxidadas pegadas en los puentes. “EL FUTURO ES TUYO”, decía la propaganda. Mentira. El futuro ya tenía dueño y cobraba alquiler. Los perros callejeros dormían abajo del subte magnético, temblando entre cartones húmedos y bolsas de merca sintética. A veces ladraban sin motivo, mirando algo que nadie más veía. Los viejos decían que podían sentir el chon vibrando en la sangre de la gente. Que el chon era anterior a todo, anterior a la patria, anterior incluso a la electricidad. Una mugre genética enterrada en el ADN humano desde antes del lenguaje. El Chueco Vargas decía que eso era verso de payadores borrachos, pero igual llevaba siempre una medallita de Kiristi colgand...